Carmen Amaya Amaya, Carmen Amaya Amaya

Carmen Amaya Amaya - Baile

Información de Carmen Amaya

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Carmen Amaya

Nombre: Carmen Amaya Amaya

Disciplina: Baile

Provincia de nacimiento: Barcelona

CARMEN AMAYA AMAYA, bailaora, Nace en Barcelona el 2 de noviembre de 1918.

Destacaba por su desparpajo. Siendo todavía una niña, cuando tenía tan solo 4 años, acompañaba a su padre (Francisco Amaya, “El Chino”), un guitarrista que por las noches tocaba por las tabernas de su pueblo. Al principio le daba miedo entrar por la policía, pero finalmente, sus ganas de bailar la harían entrar, y pronto se corrió la voz sobre el talento de una gitanilla que tenía una manera especial de bailar. José Sampere, un empresario de variedades, fue el primero que se interesó por ella y la llevó a una sala de cierta categoría, el Teatro Español de Barcelona. El crítico Sebastián Gasch, su descubridor, escribió sobre ella tras verla en "La Taurina": «De pronto un brinco. Y la gitanilla bailaba. Lo indescriptible. Alma. Alma pura. El sentimiento hecho carne. El tablao vibraba con inaudita brutalidad e increíble precisión. La Capitana era un producto bruto de la Naturaleza. Como todos los gitanos, ya debía haber nacido bailando. Era la antiescuela, la antiacademia. Todo cuanto sabía ya debía saberlo al nacer».

Por aquella época la vio bailar Vicente Escudero, quien aseguró que Carmen Amaya haría una revolución en el baile flamenco, porque era la síntesis de dos grandes estilos: el de la bailaora antigua; y el estilo trepidante del bailaor en sus variaciones de pies. En el año 1935 fue contratada por el empresario Carcellé, que la presentó en el Coliseum de Madrid. Ésta fue seguramente la auténtica consagración de Carmen a nivel nacional. También el mundo del cine se fijó en ella. Interpretó un pequeño papel en “La hija de Juan Simón”. Posteriormente, trabajó en María de la O, junto a Pastora Imperio.

Llegaron a Buenos Aires, y el triunfo de Carmen Amaya y los suyos superó todas las expectativas. Fueron para quedarse solo cuatro semanas y acabaron viviendo allí durante nueve meses, ya que cada vez que Carmen actuaba el teatro se llenaba y las entradas llegaron incluso a venderse con dos meses de antelación. Buena muestra de la enorme popularidad que la artista consiguió en este país, es la construcción del teatro que lleva su nombre: el Teatro Amaya.

En América Carmen Amaya conoció a muchas de las personas más influyentes de su tiempo. Estuvo varias veces en Hollywood, para rodar algunas películas y las personalidades más destacadas del cine, la música o la cultura quisieron verla bailar. El músico Toscanini fue un día a verla, y declaró que nunca antes había visto a una artista con más ritmo y más fuego que ella. Improvisaba continuamente.

En América conoció también a Roosevelt, el presidente de los Estados Unidos, y en Europa, llegó a tratar incluso con la Reina de Inglaterra.

Carmen Amaya logró entre los años treinta y los sesenta universalizar el Flamenco. Era una mujer menuda, todo nervio y corazón, que bailaba de una forma casi salvaje, que convertía cada uno de sus movimientos en un imán irresistible. «La mejor bailarina del mundo», dijo Orson Welles; «el arte», la definió Greta Garbo. «Me dejo llevar por la música y bailo lo que me va saliendo. Sé cómo empezar un baile y cómo terminarlo. Pero entre medio no sé lo que pasa», explicaba en una entrevista publicada en Buenos Aires.

Hasta 1947 no volvió a España, y lo hizo convertida ya en una estrella indiscutible a nivel mundial. Sus años en América le habían servido para asentar su arte y para que su fama creciera imparable.

Por entonces, su baile era el flamenco más bravo que había subido al teatro. Pero no destacaba únicamente por su arte, también por su personalidad fascinante, que conquistaba a todos cuantos conocía, tanto por su baile como por sus imprevisibles comportamientos.

Aunque Carmen Amaya es hoy en día un mito del baile, también cantaba. De hecho, su padre pensó en un primer momento que estaba mejor capacitada para el cante que para el baile. Tenía la voz ronca y oscura, típica del cante gitano. Una buena muestra de su forma de cantar pueden verse en "La reina del embrujo gitano". También Carmen Amaya. Grabaciones discos pizarra. 1948-1950 recoge una buena muestra de sus dotes de cantaora, acompañada por dos guitarristas de su estirpe, Paco y José Amaya, o en "En familia".

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